martes, 2 de diciembre de 2014

Historia de un final

Y aquí estoy, una vez más, tirada en el sofá, con la mirada perdida recordando todo lo que fuiste, todos los momentos y las ilusiones y las esperanzas y las ganas de reir, pero también todos los quebraderos de cabeza, las dudas, los miedos y las ganas de llorar... estoy recordando ese último momento contigo, aquel en el que me dijiste adiós sabiendo que la próxima vez que nos viéramos todo habría cambiado, ése en el que las lágrimas se concentraban en nuestros ojos a punto de desbordarlos, haciéndoles brillar con el fúnebre reflejo del sol al amanecer, porque ese día no fue para nosotros una simple despedida, ni un simple amanecer, fue un cambio en nuestras vidas, el cierre de una etapa y el comienzo de algo nuevo.
Por eso, en este momento, mientras pienso en todo lo que pasó, en todo lo que pudo ser y no fue, en todos nuestros fallos y en todos nuestros aciertos, cuando cierro los ojos y recuerdo el roce de tus labios por última vez y ese segundo se detiene en mi mente, saboreando ese instante mágico, podría arrepentirme, o autocompadecerme e incluso llorar... pero en lugar de eso, pienso en lo bonita que fue nuestra historia, en todo lo que me enseñaste y todas las experiencias que ganamos juntos, porque puede que nada vuelva a ser nunca igual, pero nunca nos quitarán lo que hemos vivido, y el rincón que te ganaste en mi corazón nadie va a quitártelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario