viernes, 15 de noviembre de 2013

Tonalidades y tonos

La música sonaba desde algún lugar lejano del edificio, y él, atraído por ésta, avanzaba cerrando los ojos constantemente para guiarse por el único sentido que de verdad le importaba, el oído. Sin su oído él nunca sería nada porque ¿qué es la vida sin música? Para él no es nada, sin música, la vida sería una mera ilusión, porque sólo las armonías, los giros melódicos, trémulos y cadencias unidos por el ritmo al que su corazón se acompasaba le hacían sentir vivo de verdad y le daban un impulso para seguir viviendo.
Cuanto más se acercaba a la música más vivo se sentía, no necesitaba que le explicaran lo que ese violín de dulces y melodiosos sonidos estaba expresando porque el instrumento le hablaba, le susurraba al oído lamentando que no se conocían y que nunca se iban a conocer.
Ante estos susurros apresuró el paso, tenía que conocerlo, no podía dejarlo así. El violín siguió lamentándose, mientras su sonido se apagaba, poco a poco, muriendo... Echó a correr y llegó a la puerta a través de la que se distinguían las notas justo en el momento en el que estas se extinguían para dejar paso al silencio. Abrió la puerta y encontró una habitación vacía con las paredes completamente blancas. Cerró los ojos buscando otra vez la melodía, pero no estaba, cuando volvió a abrirlos la habitación se había vuelto gris y él, tumbado sobre su cama miró a su alrededor... volvía a estar en su celda... volvía a estar, en el mundo real.

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